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La disciplina de la adoración

La disciplina de la adoración

Esta semana seguimos reflexionando en las disciplinas espirituales. Ahora en la disciplina de la adoración. Hace algunos años un amigo me prestó un libro que me recordó muchas cosas que yo sabía, y que al mismo tiempo puso palabras a muchas ideas que yo había tenido, pero que no sabía como expresar: El aire que respiro, de Louie Giglio. En ese libro, Giglio define el concepto de adoración de la siguiente manera: “Adoración es nuestra respuesta, individual y colectiva, a quien es Dios y lo que ha hecho”. Richard Foster lo dice asi: Adorar es experimentar la realidad, tocar la vida. Es Conocer, sentir y experimentar a Cristo resucitado, en medio de la comunidad congregada. Por su parte. William Temple dice, a manera de poesía:

Adorar es, Avivar la conciencia mediante la santidad de Dios,
Alimentar la mente con la verdad de Dios
Purgar la imaginación con la belleza de Dios
Abrir el corazón al amor de Dios
Dedicar la voluntad al propósito de Dios.

Juan 4:23-24 dice: Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Dios nos busca. Dios tiene la iniciativa, y el ser humano responde. Adán estaba en el jardín de Edén, había comido del fruto prohibido junto con Eva, se habían hecho delantales de hoja de higuera, y a pesar de ello, Dios vino a buscarles. Dios buscó a un hombre de 75 años, babilonio, y lo llamó para incluirlo en sus planes para la humanidad; y ese hombre. Abraham, respondió. Y así, la historia se repite vez tras vez. Imagina esos días cuando tu ahora esposo te cortejaba previamente a ser novios o comprometerse: te daba detalles, te regalaba flores. Yo recuerdo que cada domingo por la mañana dejaba un chocolate en una de las gavetas del salón de cunas donde Lorena (mi esposa) daba clases. Ese juego de coqueteo era muy lindo, seguramente tu tuviste también alguno mientras cortejaste a tu esposa. De la misma manera Dios esta buscándonos con un amor cautivante. Quiere seducirte y cautivarte con su afecto. Adorar entonces es nuestra respuesta a las proposiciones de amor del Padre.

¿Cuáles proposiciones? ¡Todas! La naturaleza, Su provisión para nuestra misma existencia, el aire que respiramos, su bondad, los regalos recibidos tales como nuestra familia, bienes, etc., Todas esas cosas están ahí siempre, pero notamos que son un regalo de Dios solo cuando el Espíritu Santo toca nuestro espíritu. Es entonces que “nos damos cuenta”, y empezamos a reconocer a Dios detrás de todo aquello. Un buen amigo compartió conmigo en una ocasión que el estaba enojado con Dios. El era un muchacho, estadounidense, hijo de misioneros cristianos que vivian en El Caribe, y durante su adolescencia su padre falleció. La muerte de su papá lo hico renegar de su fe; hasta que uno de los días del duelo, se sentó frente al mar. La inmensidad del mar lo impactó y lo llevó a adorar a Dios y a entregarle su vida en servicio y ministerio.

La adoración es diferente al formalismo. La liturgia es básicamente la forma en que hacemos nuestras reuniones religiosas, el modelo o estilo que seguimos en las diferentes iglesias y denominaciones. La verdad es que cualquier liturgia, formalismo o estilo de reunión cristiana estará vacío hasta que no tomemos en cuenta un encuentro con el Espíritu de Dios. Las iglesias (y denominaciones) han tenido fracturas y divisiones por los estilos al adorar, cuando en ninguna parte del Nuevo Testamento se prescribe una forma especifica de adoración. Y es que el canto, la oración, la alabanza, puede conducirnos a la adoración, pero adorar es mas que cualquiera de esas cosas.

¿A quien adoramos? A Dios. Dios nos llama a no tener dioses ajenos. Pero considere esto: también pensar indignamente de nuestro Dios es un tipo de idolatría. Tener conceptos erróneos de Dios, es una manera de deshonrarlo. ¿Cómo tener un concepto correcto de la dignidad de Dios? ¡Conociéndolo!

Conocer a Dios es una experiencia extraordinaria. Isaías lo vivió y lo relató en el capítulo 6 de su libro. Observa lo que dice: Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales». Isaias tiene un encuentro con Dios en su templo, y se reconoce pecador, y al mismo tiempo reconoce a Dios como el Santo, Santo, Santo. Solo un encuentro genuino con Dios nos lleva a adoración.

Adoramos a Dios por quien Él es, y por lo que ha hecho. Pensemos en algunos atributos de Dios: Bondad, Fidelidad, Justicia, Misericordia. Son atributos de Dios, que tienen que ver con su trato con nosotros. Solo puede exclamar “Dios tu eres bueno” aquel que ha experimentado la bondad de Dios en los momentos de dificultad. Solo puede exclamar “Dios tu eres fiel” aquel que ha experimentado la fidelidad de Dios a su favor. Ante sus atributos, nosotros debemos responder. Nuestra única respuesta es adorarle. Romanos 12:1 dice: Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. Si Dios ha de ser tu Señor, la adoración debe ser preeminente en ti vida.

¿Cómo prepararnos para adorar al Señor?

Primero: Ten una santa expectativa. Al adorar a Dios estamos entrando a Su Presencia. No es cualquier cita, no accedes a un lugar simple, sino al lugar santísimo a través del velo rasgado. Solo unos cuantos podían llegar ahí, ahora a través de Jesucristo tu y yo tenemos acceso a Dios. Con eso en mente, te animo a que el adorar a Dios sea una motivación en tu corazón. Asiste a tu iglesia con la expectativa gloriosa de un encuentro con Dios, y no solo a “cumplir”. ¿Está Dios en cualquier lugar? Si, pero para que actúe en ti, tu necesitas venir preparado. Solemos cometer el error de venir a buscar a Dios o cuando estamos desesperados, o sin la preparación apropiada. Así, a veces nos preguntamos “¿Por qué Dios no hizo nada en mi hoy?, Yo creo que Dios ya no está en este lugar”, y la respuesta muchas veces suele ser que no es Dios, sino yo quien no estuvo listo: crea una santa expectativa.

Segundo: Considera en tu día a día la práctica de la Presencia de Dios. Dios está en todas partes, pero se deja encontrar por quienes le buscan. Dios está en la cocina, tanto como está aquí en la iglesia. Dios está en todo lugar, solo es necesario que le busques. Si te haces del habito de la “práctica de la presencia de Dios”, tus momentos de adoración colectiva serán considerablemente mas significativos. Significativos para ti, y para quienes están a tu alrededor. La práctica de la presencia de Dios te sensibiliza a las necesidades de otros y no solo las tuyas. Los atormentados y distraídos son rápidamente atraídos a Dios cuando personas que practican la presencia de Dios comienzan a Adorarle.

Imagina como sería…Toda la semana has practicado la presencia de Dios. Has meditado en Él casi cada día de la semana. Esta mañana despertaste con una santa expectativa del encuentro que tendrías con tu creador, al lado de tus hermanos. Llegaste a la iglesia, temprano. Todo está listo. Estas ansioso por iniciar a cantar y buscar a Dios. El tiempo de gozo y canciones inicia, y tu lo estas disfrutando. De pronto viste a tu hermano al lado, no sabes que pasa, pero al adorar a Dios sientes una profunda necesidad de ir y orar por el.
De pronto, no necesitas que el director de alabanza te diga que levantes las manos, porque sin darte cuenta cuando, estas cantando en voz alta, con las manos en alto, adorando a Dios como hace mucho no lo hacías. No estas observando a otros, pero notas que tus hermanos están encontrándose con Dios también, algunos lloran, otros se postraron. Esa es la reunión perfecta.

Pero, ¿qué pasa cuando retiras La santa expectativa y la práctica de la presencia de Dios? Nada. Tenemos reuniones vacías, iglesias con poca espiritualidad, reuniones llenas de formalismo y carentes de experiencia con Dios. Y no es solo responsabilidad de los lideres de las iglesias, sino de cada persona que asiste a la congregación.

Nuestra adoración no depende de las circunstancias, sino de la respuesta de nuestro corazón. La iglesia adora con mas devoción a Dios en los momentos de persecución que en bonanza. Algo pasa cuando la iglesia adora unida. La presencia de Dios nos penetra y aviva. Nutre nuestra alma, nos expresa gozo, nos consuela, nos despierta. Cuando adoramos en comunidad ocurren cosas que no pasan a solas. Se llama “koinonia”, una profunda comunión con el Espíritu Santo.

¿Cómo debemos adorar a Dios?

La adoración es una disciplina espiritual, por lo tanto debe tener algunos lineamientos a seguir. Te comparto dos ideas para comprenderlo.

Primero: Aquiétate. Al buscar a Dios desconéctate de los afanes humanos y prepárate para entrar en contacto con tu creador.

Segundo: Actívate. Alaba, canta, declara, expresa, aplaude, baila, grita, etc. Todas estas acciones nos conducen a la adoración. Los sentimientos son parte legitima de nuestro ser, por lo tanto deben emplearse en la adoración La adoración envuelve tu cuerpo, mente y espíritu. Aun las personas con temperamentos quietos, deben adorar a Dios con todo su ser.

El libro de los Hechos en el capítulo 16 nos muestra la historia de dos hombres, Pablo y Silas, se encuentran en la cárcel a causa de haber liberado de un espíritu de adivinación a una mujer. Fue tal el desagrado de la población y de los ofendidos (pues la mujer era una esclava que con su capacidad de adivinación, hacía ganar mucho dinero a sus amos) que los metieron en el calabozo mas profundo y bien sujetos de cadenas en manos y pies. Note lo que el versículo 25 dice: “Alrededor de la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los demás prisioneros escuchaban. De repente, hubo un gran terremoto y la cárcel se sacudió hasta sus cimientos. Al instante, todas las puertas se abrieron de golpe, ¡y a todos los prisioneros se les cayeron las cadenas!”. Estos dos hombres, en uno de los momentos mas oscuros y difíciles, estando presos, hacen lo que somos llamados a hacer en buenos o malos tiempos: adoran. Es tan el corazón derramado hacía Dios por Pablo y Silas, que hay un efecto en el lugar y las personas alrededor. Hay una ultima cosa que te invito a considerar: Si la adoración no nos cambia, no ha sido adoración. La adoración no es para el tímido ni para el que quiere estar cómodo.
Nos hace abrirnos a la “peligrosa vida del Espíritu”. Yo quiero adorar a Dios, y que el transforme radicalmente todo a mi alrededor, pero no quiero esperar hasta estar en la cárcel para adorar a Dios con todo mi ser. ¡Yo quiero adorar a Dios hoy!

Pas Hugo

 

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