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El reino de Dios

El reino de Dios

7 de Noviembre 2018

Llevo algunas semanas preguntándome un poco, ¿qué es el Reino de Dios? Cuando leemos Génesis nos encontramos con la introducción de la historia de Dios, y su carta de presentación se resume en una palabra: “CREADOR”. Dios creando todas las cosas, de la nada, del caos, poniendo orden, hablando, modelando, dando la orden. Dios crea, es una de sus esencias. Crea al ser humano, y lo hace creativo también. Dios se va revelando a través del Pentateuco como el Dios que se interesa en el ser humano, y que quiere formar una nación especial. Cuando se introduce la idea de “las naciones” en la Escritura, entonces surge esta idea de que Dios también tiene una nación, una familia, un grupo de personas escogidas. Y pronto surge esta idea de que Dios es Rey. El reino de Dios es un concepto recurrente en las Escrituras, que evoca a algunos pasajes claves que quiero mencionar a continuación:

Salmo 97:1-6

Jehová reina; regocíjese la tierra,
Alégrense las muchas costas.
Nubes y oscuridad alrededor de él;
Justicia y juicio son el cimiento de su trono.Fuego irá delante de él,
Y abrasará a sus enemigos alrededor.
Sus relámpagos alumbraron el mundo;
La tierra vio y se estremeció.
Los montes se derritieron como cera delante de Jehová,
Delante del Señor de toda la tierra.
Los cielos anunciaron su justicia,
Y todos los pueblos vieron su gloria.

 Salmo 99:1,5
Jehová reina; temblarán los pueblos.
Él está sentado sobre los querubines, se conmoverá la tierra.
Exaltad a Jehová nuestro Dios,
Y postraos ante el estrado de sus pies;
Él es santo.

Salmo 145:1
Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.

Los dos primeros casos, el salmista simplemente afirma: el Señor Reina. Pero el el Salmo 145 dice: Mi rey. Crecí en una sociedad de gobierno democrático, donde el pueblo elige a su gobernante. Entonces, esta idea de reyes y reinos no me es tan sencilla de asimilar. Para el salmista era fácil pues el mismo (en el caso de David) era un rey. Era rey de una nación particularmente especial. Éxodo 19:6 dice: “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”. En el plan de Dios, la nación de Israel había recibido una distinción especial, de ser un reino especial. Dios les había dicho que Él sería su rey; pero conforme pasaron los años y siglos hubo resistencia a ese gobierno teocrático. El ultimo de los jueces recibió las quejas del pueblo, y entre las demandas escuchadas estaban el ser “como las demás naciones”. Ellos querían un rey. Dios se los concede, y les da uno de los momentos mas gloriosos como nación; bajo el reinado de Saúl, David y Salomón (uno después del otro, en un periodo de aproximadamente 120 años) Israel gozó de un crecimiento geográfico, económico y social extraordinarios. Pero al final de ese periodo “dorado”, la debacle llegó, y en un periodo de 200-400 años la nación se consumió, y finalmente fueron esparcidos unos, y llevados cautivos otros, todo como consecuencia de su pecado. Y sin embargo, Dios siendo paciente les mandaba mensajes de esperanza y de restauración. Uno de ellos está en Isaias, que en el capítulo 40:9-11 dice:

Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.

El plan de Dios siendo el Rey de una nación seguía en pie. Después de todos los errores de su pueblo, Dios aun quería reinar sobre los hombres; pero este reino sería un poco diferente a lo que todos esperaban. Dios dibujando su plan para la humanidad, pero aun velado de nuestro entendimiento.

Siglos después, un hombre se puso a escribir lo escuchado tras muchos años de comunión con aquellos que habían vivido con un tal Jesús. Su nombre es Marcos. Juan Marcos, que siendo joven viajó con un tal Pablo y Bernabé, y que después se convierte en asistente de Pedro, aproximadamente en el 60 d.C., inicia la labor de escribir los hechos de Jesús. Nos regala un libro extraordinario cuyo titulo original es “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”, pero que hoy conocemos popularmente como el Evangelio de Marcos”. Marcos introduce el concepto desde el capitulo 1 versículo 15 diciendo: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos,. y creed en el evangelio”.

La frase “el evangelio del reino de Dios” o la buena noticia de que el reinado de Dios ha llegado es revolucionaria para la humanidad. ¿Por qué es revolucionaria? Porque cuando alguna persona en el tiempo del imperio romano escuchaba la frase “reino” seguido de “se ha acercado” inmediatamente pensaba en una invasión. Algunos de ellos habían sido testigos oculares de la invasión de un imperio (el romano) que construía caminos para que después fueran pisados por millares de soldados y caballos que al llegar a las provincias, arrasaban con todo y establecían su gobierno en ese lugar. Una invasión militar jamás era una buena noticia. Los reinos llegaban con ejércitos, pero también eran conocidos por su respaldo, dinero, oro, granos, provisiones, territorios, palacios, castillos, fortalezas. Pero Marcos esta diciendo que un nuevo reino llegaba, y los primeros escuchas seguramente se preguntaron: ¿de donde viene este reino? ¿quién es este rey? ¿Cuál es su territorio? ¿Dónde está su ejercito? Y ¿por qué esto es una buena noticia?

Conforme avanza la narrativa del libro de Marcos, empezamos a tener mas referencias a este “reino” que nos deja con mas dudas. Fíjese lo que dice Marcos 4: 30-32:

Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.

Pronto entendemos que aunque no entendemos con claridad de que se trata este “reino”, queda entendido que es un reino diferente. Daniel 2:44 dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. Los gobiernos de la tierra son corruptos, obedecen a intereses, son puestos por hombres, perecen, se acaban. Pero este reino es diferente, no es un reino geográfico sino espiritual. Es un reino que tiene la capacidad de consumir y desmenuzar a los reinos del mundo.

Hay dos ideas que quiero considerar para tratar de definir en este escrito lo que significa el Reino de Dios.

Primero, El reino de Dios es un gobierno al que yo me someto. Colosenses 1:13 dice: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”. Yo pertenecía a otro lugar, a las tinieblas, oscuridad, pecado, error, pero ahora he sido trasladado. Trasladar significa que ya no estoy ahí, ahora estoy en un nuevo lugar, en un estado diferente, en condiciones diferentes. Una nueva condición exige una nueva conducta. Vivo en una ciudad fronteriza con otra ciudad de los EEUU. Es común que crucemos y hagamos compras o visitas o pasemos tiempo en ambas ciudades. Quienes conocen esa realidad pueden identificarse con un cuestionamiento que me hago constantemente mientras estoy manejando (o caminando) por los estacionamientos de una cadena de tiendas que esta presente en ambas ciudades. ¿Cuál es la razón de que el mismo conductor, en el mismo vehículo, con la misma licencia, conduce distinto en México que en EEUU? He visto conductores que en el estacionamiento del centro comercial mexicano van a exceso de velocidad, violando reglas, ofendiendo a peatones, y a veces hasta siendo violentos o irrespetuosos, pero cruzan a EEUU y dejan de conducir mal, y ahora respetan las reglas, no van a las de 10 km por hora, se detienen ante los peatones y hasta sonríen. ¿Cuál es la razón? Que el ser humano entiende que el lugar en que estás exige una nueva conducta. Al igual en el reino de Dios, necesito entender que mi nueva realidad espiritual (ser trasladado al reino de su amado hijo) exige de mi una nueva conducta.

Segundo, si yo quiero estar en el reino de Dios necesito rechazar al “otro reino”. La Biblia dice en 1 Juan 5:19 que “el mundo entero está bajo el maligno”; Satanás no rige en un territorio geográfico, sino en el territorio compuesto por los corazones de todo ser humano que no ha sido trasladado al otro reino. Jesús llamo a Satanás “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31), y Pablo lo llamó “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). No necesito hacer nada para dejar de estar bajo el dominio del diablo. De hecho, si no hago nada es una muestra de que estoy bajo su gobierno. Jesús tiene que convertirse en el Rey y Señor de mi vida, y en consecuencia yo debo vivir como uno que fue trasladado a otro reino.

El dominio del diablo sobre un ser humano tiene muchos matices. Hay uno muy significativo en Marcos 10, y quiero que observe el pasaje conmigo:

Marcos 10:23-25
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

Este hombre era aparentemente un individuo piadoso; y sin embargo su corazón estaba “inundado de amor” por las riquezas. Tener a las riquezas como la fuente de nuestras confianza es una manera de estar bajo la influencia o dominio de Satanás.

¿Cuál es tu ciudadanía?

Filipenses 3:20 dice: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. Yo no soy ciudadano de este mundo, sino de la eternidad; y ello me exige vivir “como es digno” (tal cual lo expresa Pablo en Efesios 4:1). Entonces, el reino de Dios es un lugar (no físico sino espiritual) al cual perteneces, del cual eres ciudadano, y en el cual entras dependiendo de quien es la persona que gobierna tu vida, así que la pregunta mas concisa sería ¿quién es tu rey? ¿Estas siendo gobernado por Cristo o por cualquier otra cosa? Te animo a hacer una pausa y examinar tu corazón con honestidad. La respuesta políticamente correcta es decir: Claro que Cristo es mi rey; y sin embargo debes reconocer que nuestra vida esta compuesta por una serie de pequeños departamentos, algunos de los cuales están inundados de la luz del evangelio, y por otros tantos que voluntariamente mantenemos escondidos. Si es así, quiero animarte a ser honesto con Dios y contigo y a pedirle a Jesús que Él sea el rey de cada una de esas pequeñas áreas de tu vida que juntas conforman un todo, que debe ser gobernado por Cristo.

Dios, quiero que tu seas mi Rey y Señor, quiero que mi vida esté sometida a tu gobierno, y vivir como es digno de un ciudadano del reino de Dios.

Pas Hugo.

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