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Mordiendo a otros

Mordiendo a otros

 

Esta semana estuvimos estudiando el tercer capítulo del libro de Daniel. En ese capítulo aparece una estatua gigantesca de oro edificada por el rey Nabucodonosor, y éste rey había enviado un edicto que ordenaba que todos los gobernantes y personas importantes, y en general todas las naciones bajo el mando del rey “Nabu” debían arrodillarse y adorar esa imagen.

Había un pequeño grupo de hombres (cuatro, Daniel, Ananías, Asarías y Misael) que no lo hicieron; sus convicciones les impedían hacerlo. Sin embargo los hombres importantes, líderes y gobernadores que al darse cuenta de que “estos” no se arrodillaban, los “acusaron” delante del rey. Resulta interesante que la palabra “acusar” se traduce también como “comer los pedazos de”. Quiere decir que cuando acusamos, estamos “comiendo los pedazos de” aquel a quien acusamos. Gálatas 5:15 nos ofrece la misma idea aplicada a la vida de la iglesia, pues Pablo nos amonesta a no comernos y mordernos los unos a los otros.

Éste es el problema: no siempre nos caen bien nuestros hermanos, y muchas veces las fricciones unos con otros provocan que reaccionemos en crítica, señalamientos, acusaciones, en resumen, solemos hablar mal de otros. Y cuando hablamos mal de nuestros hermanos, el odio abre puerta en nuestro corazón. ¡El asunto es que la Biblia dice que quien aborrece a su hermano es un homicida! Si algo debe cuidar el cristiano es no andar mordiendo a sus hermanos. Entonces cobra sentido el dicho mexicano “no comas prójimo”; ama a tus hermanos, no los acuses, no hagas crítica, ámalos con el amor con que Dios te ha amado a ti.

Pastor Hugo.