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La disciplina del retiro

La disciplina del retiro

Las nuevas temporadas (como el cambio de estación o año nuevo) son buenos momentos para redefinir nuestras vidas y consagrarnos al Señor. Durante las ultimas semanas (desde el ultimo domingo del 2017) he reflexionado una y otra vez en la frase de Hageo 1:8, donde dice: “Sube al monte, trae madera, edifica la casa”. Creo que hay un llamado especial de Dios para mi vida y la de mi iglesia a edificar lo espiritual en nosotros. Estoy convencido de que “subir al monte” significa poner en práctica las disciplinas espirituales. Richard Foster nos aclara bastante bien cuales son las disciplinas espirituales, y enuncia algunas como: la meditación, la oración, el ayuno, el estudio de la Escritura, el retiro, el servicio, la confesión, la adoración, la búsqueda de mentoría y rendición de cuentas, la práctica del gozo, entre otras. Algunas de ellas nos son mas familiares que las otras, pero hay que resaltar que todas son importantes, todas son necesarias, todas son difíciles de practicar, y todas en alguna medida nos preparan y fortalecen.

En el camino entre la ciudad de Guanajuato y Dolores Hidalgo, entre la sierra, puede verse súbitamente una pequeña casa, hermosa y apartada de todo, a los pies de un acantilado entre las montañas. Alguien en algún momento decidió vivir alejado de todo y construirse una casa en medio de la nada. Parece el concepto de retiro, pero no es cierto. El retiro es una disciplina espiritual. El retiro no es un lugar, sino un estado de la mente y corazón. Es posible ser un ermitaño y no lograr experimentar la bendición del “retiro”; por el contrario, es posible estar rodeados de una multitud y tener el habito del retiro.

¿Por qué tomamos la decisión de retirarnos? No es para estar aislados de la gente, ni para vivir solitariamente, sino para oír mejor. Alguna vez escuché la historia de un par de jóvenes, uno que había sido criado en la ciudad, y otro que había sido criado en el campo. Al ir juntos caminando en medio de las parcelas, el campesino le dijo al citadino: “escucha, es una araña”, a lo que su compañero reaccionó con incredulidad. Días después, al ir caminando en medio de la ciudad llena de ruido y tráfico, el citadino le dijo al campesino: “escucha, se acaba de caer una moneda”. La historia nos dice algo: cada quien escucha aquello para lo cual está afinado su oído. Nos retiramos para poder afinar nuestros oídos para escuchar a Dios mas claramente.

Jesús mismo tomo la iniciativa del retiro. Cuando comienza su ministerio en Mateo 4 es llevado por 40 días al desierto donde ayunó (y evidentemente estuvo aislado de todo). En Lucas 6, antes de tomar la decisión de elegir a sus doce apóstoles, pasó toda la noche en oración, apartado. Cuando, en Mateo 14, recibe la mala noticia de que su primo, el gran predicador, que atraía multitudes, a quien hasta los fariseos iban a escuchar, había sido asesinado, la Escritura nos dice que se retiro en una barca a un lugar alejado para estar a solas. Y así, vez tras vez nos damos cuenta que Jesús tenia la disciplina del retiro. Incluso cuando se prepara para ser aprehendido, en Mateo 26, se va, junto a sus amigos cercanos, a pasar tiempo de silencio y oración a Getsemaní.

El retiro está asociado al silencio. Un antiguo proverbio dice: “El hombre que abre su boca, cierra los ojos”. El silencio y el retiro van de la mano. La gran revelación relativo a esto es que, para guardar silencio necesito cerrar la boca. La práctica del silencio nos ayuda a aprender a refrenar la lengua. Santiago 3:6 dice: “De todas las partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende”. La lengua es un fuego. Expliquemos esto de la siguiente manera: si digo una mentira, pronto necesitaré decir mas mentiras para cubrir la primera; y eventualmente me veré obligado a actuar y organizar mi vida de cierta manera con el fin de dar crédito a las mentiras que digo. El problema de este estilo de vida es que la verdad pronto brota.

El silencio asociado a la disciplina del retiro es importante pues nos descubre. Al igual que la comida, nuestras palabras nos cubren. A través de nuestras palabras controlamos y manejamos situaciones y personas. Si me veo obligado a guardar silencio, ¿con qué me cubriré? ¿Quién tendrá el control de las cosas? Si en algo debemos ser honestos es en reconocer que la lengua es un instrumento de manipulación, y que somos expertos en manejarla. Con nuestras palabras nos cubrimos para que otros vean lo que queremos que vean y no lo que realmente somos. Entonces, el silencio es una práctica que nos ayuda a detener este circulo vicioso.

Hace unos meses en Reynosa (y en una buena parte del norte de México) hubo un apagón general que dejó sin servicio de electricidad a aproximadamente 7 estados. Repentinamente alrededor de las 6 de la tarde nos quedamos sin servicio eléctrico. Recuerdo estar con mi familia ese día, a punto de llevarlos a un restaurant a celebrar mi cumpleaños. De pronto empezamos a notar que no había luz en ninguna parte; preferimos regresar a casa. Fueron pasando las horas, tuvimos que prepararnos para pasar una noche calurosa sin climatización; sacamos las velas (necesarias para poder ver en la oscuridad). Empezaron a pasar cosas que normalmente no pasan cuando hay electricidad. Para empezar, nos dimos cuenta que en nuestra cuadra hay niños; nunca los habíamos escuchado hasta ese día en que sin electricidad muchos de ellos salieron a las calles a jugar. Además de ello, tuvimos que usar de recursos que no teníamos. Algunos de quienes vivieron ese suceso, voltearon a su esposa e hijos, les saludaron y empezaron a charlar, obligados por la falta del ruido de los televisores y radios. A través de las redes sociales nos dimos cuenta que el problema era general, y que probablemente no se resolvería en horas (o quizá días). La noche llegó y tuvimos que dormir, no sin antes haber charlado mucho mas de lo habitual.

¿Que podemos extraer de esa experiencia? Que en ausencia de luz, en medio de la oscuridad nuestros recursos se simplifican, y somos obligados a echar mano de aquellas cosas que normalmente pasamos por alto. Note lo que dice Isaías 50:10:

Entre ustedes, ¿quién teme al Señor
y obedece a su siervo?
Si caminan en tinieblas,
sin un solo rayo de luz,
confíen en el Señor
y dependan de su Dios.

¿A quien le gusta estar en tinieblas? ¿Es posible obedecer, temer y confiar y descansar en el Señor en medio de las tinieblas? Normalmente las tinieblas son asociadas a pecado o error; pero en éste (y otros pasajes de la Escritura) tinieblas representa los momentos de prueba, de aflicción, o simplemente cuando sentimos que todo se cierra, se pone en silencio, incluso que Dios no responde, y nos encontramos solos, retirados, sin alternativas, en soledad, en resumen: en tinieblas. Sin embargo, en las tinieblas surgen recursos que nunca consideramos, pero que tenemos a la mano, y ese es un principio espiritual.

San Juan de la Cruz dijo:

Entonces, oh alma espiritual, cuando veas tus apetitos entenebrecidos, tus inclinaciones secas y restringidas, tus facultades incapacitadas para cualquier ejercicio interior, no te aflijas; piensa que esto es una gracia, puesto que Dios te está librando de ti mismo y quitándote tu propia actividad. Por más éxito que hayan tenido tus acciones, no trabajaste tan completa, perfecta y seguramente -debido a la impureza y torpeza de ellas-, como lo haces ahora cuando Dios te toma de la mano y te guía en la oscuridad, como si fueras ciego, por un camino y hacia un lugar que no conoces. Tú no hubieras tenido nunca el éxito de llegar a este lugar, no importa cuán buenos sean tus ojos y tus pies.”

A veces necesitamos apagones, que nos ayudan a reconsiderar nuestras obras, y a profundizar en Dios. Para practicar la disciplina del retiro quiero animarte a considerar lo siguiente:

1. Aprovecha los pequeños retiros que se presentan en tu día. En la cama al amanecer, la taza de te o café que tomas al iniciar el día, el tiempo de tráfico al ir manejando (o en transporte) hacia tu trabajo.
2. Desarrolla un sitio de quietud. Puede ser un lugar de tu casa, un rincón en tu hogar, un “sillón de pensar” que todos en tu familia sepan que cuando alguno está sentado ahí, no lo deben molestar pues está en su momento de “retiro”, un cuarto o habitación especial para retiro (incluso puede ser el baño).
3. Disciplínate a hablar poco, pero de manera significativa. Ten algo que decir cuando vas a hablar, y no hables por hablar. Diedrick Bonhoeffer dijo: “Mucho de lo innecesario puede no decirse, pero lo esencial y lo útil debe decirse en pocas palabras” Da un paso mas, intenta vivir UN DIA ENTERO sin decir una sola palabra. Utilízalo para evaluar tus sentimientos, tus emociones, maneja la frustración del silencio.
4. Retírate durante algunas horas (2 o 3) esta semana para definir tus metas personales: en tu familia, en tu persona, en tu iglesia, en tu ministerio, ¿cuáles son tus metas? ¿Qué estarás haciendo en 1 año? ¿En 5? ¿En 10? Seguramente en 10 años estarás en algún lugar, que mejor que lo hayas planeado, y no que llegé circunstancialmente.

Los tiempos de retiro son un regalo de Dios para poder encontrar dirección para nuestras vidas. ¿Para que nos retiramos? Para ser sensibles, a Dios, y a los demás. ¿Sientes que necesitas algo mas? ¿Necesitas mas de la presencia de Dios en ti? ¿Tienes una profunda sed por dirección y definición en tu vida? El retiro es una oportunidad para encontrar a Dios. Para oírlo. Uno oye aquello para lo cual ha afinados sus oídos.

Finalmente, la Escritura nos da el relato de un hombre cuyas circunstancias lo obligaron a retirarse. En 1 de Reyes 19, Elías estaba siendo perseguido por la reina Jezabel, y a pesar de haber tenido uno de los logros ministeriales mas sobresalientes que cualquiera de nosotros quisiera tener (había evidenciado la idolatría de una nación, miles se habían vuelto a Dios, y un milagro extraordinario y visible a toda la nación le había dignificado delante de todo mundo), esta huyendo. No huye a cualquier lugar, sino que sus pies son dirigidos (providencialmente hay que decirlo) hacia el monte Sinaí. Ahí, en el retiro, y en el soplo apacible (después de un terremoto, un tornado y un incendio), se encuentra con Dios, quien le da instrucciones, fortaleza, una misión, y una renovación total para su vida y ministerio. Cuarenta días antes quería morirse, y ahora tiene una encomienda divina, y naciones enteras dependen de su labor.

Ese es el efecto del retiro espiritual en nuestras vidas. En infinidad de ocasiones nos sentiremos con deseos de terminar, de detenernos, de dejar de trabajar, sin fuerza, sin animo, sin ganas. Desilusionados de la vida, de la gente, del ministerio, de Dios mismo. Pero son los momentos tan necesarios de retiro los que nos dan nueva esperanza, nuevas fuerza, nueva dirección, aclaran nuestra visión y perspectiva de la vida, familia, matrimonio y ministerio. Te animo a que pongas en práctica la disciplina del retiro espiritual, y sorpréndete de lo que Dios hará ahí. Quizá y en el silbido apacible tienes un encuentro sobrecogedor con el Autor y Consumador de la Fe.

Pas Hugo.

 

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