Cada uno de nosotros podemos recordar con facilidad a algún maestro o maestra que hayan sido de impacto en nuestras vidas. En los días de primaria o en la universidad, seguramente alguno de ellos dejó una huella profunda en tu vida; pudo ser por su estilo al enseñar, o quizá su exigencia; en otras ocasiones por el afecto que demostraba a sus alumnos; probablemente encontró la manera de sacar lo mejor de ti.

Ser maestro es mucho mas que dar información a un alumno. Ser maestro es una vocación, una dedicación de vida, un llamado al ministerio. Dios dotó a ciertos hombres y mujeres las cualidades y capacidades especiales para poder enseñar a otros. Alguien mas explica algo y no lo entendemos, pero entonces habla éste hermano, y por alguna razón encuentra las palabras precisas para que tu y yo podamos comprender tal o cual concepto. Ese es un maestro.

Entre los ministerios que Jesús estableció está justamente el del maestro; Jesús es el maestro de maestros, y en los evangelios encontramos precisamente sus métodos, estilo, ejemplos, al enseñar a sus discípulos. Jesús no nos enseña matemáticas o ciencias, nos enseña a vivir. Su ejemplo nos marca la ruta que debemos seguir; en sus enseñanzas no solo encontramos información, sino que encontramos palabras de vida eterna que transforman nuestro ser.

Esta semana celebramos el día del maestro, y quiero honrar a aquellos que dedican su vida a enseñar a otros; a maestros de primaria, secundaria, preparatoria o universidad; a maestros de escuela dominical, a los discipuladores, a los maestros de música, etc. No seríamos quienes somos si un maestro no hubiera invertido su vida en nosotros. Por cierto, me casé con una maestra, y ha sido lo mejor que me pudo pasar en la vida :V

Pastor Hugo.