El día de hoy celebraron el día del niño en la escuela de mi hijo mayor. Por días él había estado emocionado con esa fiesta, esperando sus regalos y juegos y demás. Como parte de la celebración, su maestra nos pidió a los papás escribir una carta dedicada a nuestro hijo, en la cual le dijéramos cuando le amamos. Lorena y yo escribimos la carta juntos, ella decoró la misiva, la pusimos en un lindo sobre hecho por Lorena y nos dormimos.

Hoy, al ir a la escuela por el niño, la maestra le pidió a las mamás y papás que leyeran las cartas que habían escrito a sus hijos. Aquí se pone interesante la cosa: algunos papás escribieron cartas larguísimas, y al leerlas a sus hijos rompieron en llanto junto a sus polluelos. Respeto toda expresión de afecto que un papá o mamá tiene hacia sus hijos, pero traigo el tema a este blog por lo siguiente: no son necesarias cartas especiales para decirle cosas especiales a quienes amas, especialmente si se trata de tus hijos. Hace un tiempo, en una charla sobre las emociones, Lorena me explicaba que muchas personas no expresan sus sentimientos habitualmente hacia otras personas; lo triste es que en la mayoría de las ocasiones, la gente se guarda esos sentimientos hacia quienes más aman. Guardamos el afecto, como si se fuera a acabar si lo expresamos, y lo único que logramos es hacer un estanque en nuestro interior que en la primer oportunidad sale a borbotones… Y yo diría: ¡¿Qué necesidad?! Al contemplar la escena de mamás llorando leyendo una carta a sus hijos, yo tenía dos opciones: o sentirme un pésimo papá, o preguntarme ¿Por qué para nosotros era tan sencillo escribir y leer esa carta, o para otros no?

Creo que la respuesta es que no nos hemos guardado el afecto hacia nuestros hijos. Esa es mi meditación hoy, y mi invitación para ti. No esperes al día de las mamás para cantarle a tu mamá; no esperes a tu aniversario para decirle a tu esposa cuando la amas y cuan importante es para ti; no esperes a que una maestra te pida escribirle una carta a tu hijo para decirle cuanto le amas. Que no haya ocasiones especiales que te fuercen a expresar tu amor por los tuyos, especialmente hacia tus hijos. Ámalos dormidos, bésalos despiertos, abrázalos al amanecer, cárgalos al medio día, diles cuan valiosos son en todo tiempo, especialmente cuando están pasando un día difícil.  Dile a tus hijos cuanto los amas… todos los dias.