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A mi pastor…

A mi pastor…

Las siguientes lineas quiero dedicarlas a mi pastor. Hace 4 años, mi esposa, mi hijo y yo llegamos a esta ciudad. Recibimos el reto de parte de Dios de venir a Reynosa a dirigir una congregación cuyo pastor era asignado a tomar un nuevo cargo, y gozosos llegamos. Al llegar, enfrentamos una cantidad extraordinaria de retos y dificultades que por algunos momentos nos abrumaron y por las cuales llegamos a pensar que no podriamos continuar. Mi esposa había renunciado a su trabajo y había dejado su vocación de educadora; teniamos unos meses de haber comprado una casa en la cual vivimos apenas unos meses, y ahora estabamos en una ciudad (en la frontera de México con E.E.U.U.) que todos decían que era muy peligrosa.

En cuanto se presentaron las dificultades, hubo un hombre que estuvo al pendiente de nosotros. Su nombre es José Antonio. En mi denominación, él es un pastor y un tipo super respetado, con un testimonio ejemplar, y además mide mas de 1.90 m. de estatura. Es el tipo de personas que impone donde se presente, y con una historia ministerial de mas de 3 decadas, la verdad intimida. Hasta que lo conocimos. Recuerdo la primer charla que tuve con él en su oficina: no me conocía, y sin embargo creyó en mí. Me alentó a perseverar en la oración y la búsqueda de Dios: me recordó que mi compromiso y vocación los había recibido de Dios, y que era Dios quien me sostendría y me daria la sabiduría necesaria para la labor que habia recibido. Mi familia enfrentó dificultades y estuvo junto a nosotros, dedicando horas de consejo y charla ayudándonos a encontrar el norte en las tormentas que enfrentamos. Mi esposa tuvo un embarazo riesgoso, y en cuanto se enteró llegó a casa y oró con nosotros: y cuando llegamos al hospital preparandonos para el nacimiento de nuestro segundo bebé, él estaba ahí junto a nosotros (por cierto que la primera vez que vi a mi hijo detras del cristal de cuneros en ese hospital, la mano de José Antonio estuvo en mi hombro y fue de los primeros en felicitarme). Unos meses mas tarde yo tuve una cirugía menor y no quería que nadie se enterara, pero sin avisar José Antonio llegó a mi casa, subió a mi cuarto mientras yo estaba en cama, y me acompañó.

Pues ese tipo (que desde que lo conocí, insistió en que le hablara de “tu” y no de “usted” a pesar que me lleva casi 30 años), hace unas semanas recibió una nueva responsabilidad: ser Obispo en nuestra denominación. Ahora es él quien enfrenta un cambio de ciudad, de rutina, de vida. Hoy quiero honrar su ministerio y me honra decir que él ha sido mi pastor por los últimos 4 años (y espero que algunos años más). Pepe y Marisela: Lorena, mis hijos y yo les amamos, y tal como te lo hemos dicho en persona, oramos por tu nuevo reto, pidiendole a Dios que cumpla su propósito en tu vida. Dios bendiga a mi pastor, José Antonio y a su esposa Maricela.

En Cristo

Hugo A.